No hubo ni un sobreviviente. Se fueron juntos, como un equipo.
Seguramente en el cielo, o en el lugar que podamos imaginar, seguirán trabajando. Ahora están en un período de transición.
No estamos preparados para la muerte. Nos encanta sentirnos inmortales.
Sabemos que no es así, que sólo estamos de paso en este planeta, casi como turistas. Algunos, claro, en mejores condiciones que otros. Pero, en el fondo, todos de paso.
Y deberíamos pensar que, como no sabemos cuándo nos iremos, hay que disfrutar de esta vida, sin hacernos daño a nosotros mismos, y sin hacer daño a los demás. Pero disfrutar, del cielo, del aire, de las flores, de los pájaros, de la familia y de los amigos.
Hacer lo que debemos hacer, con entusiasmo y, ojalá, con alegría. Para dejar una huella positiva. Aunque sea pequeña, pero positiva.
Ellos dejaron huellas. Los 21. Todos y cada uno de ellos, en sus respectivas áreas. No están solos, sino bien acompañados. Y, como dije al comienzo, seguirán trabajando, en otros planos. Aquí fueron un buen equipo. Lo serán allá también.



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